jueves, 7 de mayo de 2009

Cómo Cerrar los Ciclos Emocionales

Lo primero que tenemos que hacer para ir Cerrando los Ciclos Emocionales, es empezar a reflexionar sobre lo que ha venido sucediendo en nuestra vida en los últimos tiempos, lo que nos ha sucedido para bien y lo que ha acontecido para mal, es decir, autoanalizarnos desde la verdad y desde el amor.

Tomaremos en cuenta cuántas energías hemos desperdiciado en sucesos que no han tenido ningún sentido. Recordar todo lo que hemos logrado y alcanzado a través de nuestros objetivos, lo que ha sido productivo y lo que no, lo que nos ha proporcionado felicidad, tristeza, pérdidas o ganancias; precisar las veces que nos hemos aferrado a situaciones que no conducen a ningún puerto y que nos han hecho sufrir indeciblemente.

Entonces, es cuando debemos hacer un paréntesis, sopesar cuando una etapa llega a su fin y, comenzar a trabajar en el proceso de ir cerrando los ciclos negativos que nos agotan y nos hacen sumamente infelices. Un sencillo ejercicio de imaginación nos ayudará al lograr el objetivo, para sanar completa y asertivamente. Nos ubicamos en un lugar tranquilo de nuestra casa, preferiblemente con música de relajación, visualizamos aquellos sucesos que nos han producido estados de angustia y que de alguna manera han marcado nuestro pasado inmediato. No importa la magnitud del suceso, lo interesante es recordarlo en detalle.

Imaginariamente, cada evento, lo iremos depositando en una bolsa y pronunciaremos:
“…Yo________________(tu nombre) introduzco en esta bolsa todo lo negativo que ha pasado por mi vida, lo alejo de mí y de mis pensamientos. A través del perdón y el amor, decido cerrar definitivamente este ciclo emocional y me abro a recibir todos y cada uno de los acontecimientos positivos que el universo tiene dispuesto para mí..."

Por último, cerramos la bolsa herméticamente, de manera que no la volvamos a abrir nunca más y nos figuramos que la hemos botado en un sitio que nuestra memoria no pueda alcanzar. Este ejercicio lo podemos repetir tantas veces como sea necesario, hasta que realmente experimentemos la sensación de haber cerrado por completo todos y cada uno de los ciclos emocionales que nos han venido afectando. Verás los resultados.

En la próxima entrega hablaremos cómo cerrar los Ciclos Materiales.

Recordando a Ricardo Bulmez y a "Crece"

Recordando con cariño a Ricardo Bulmez y a "Crece", dejo para ustedes esta hermosa reflexión de vida. Extraído de libro "El Arte de Combinar el "Si" con el "No": Una Opción de Libertad.
El Sombrero
Mi abuelo tenía un sombrero de aquellos que llamaban “pelo e’ guama” pero el que él usaba tenía más “guama” que pelo: estaba sucio, viejo y raído. Pero aún así se lo lucía con mucho orgullo, sobre todo cuando salía para el centro de la ciudad. Mi tío, el hermano de mi abuelo, sí tenía un sombrero de verdad, ¡nuevecito! Recuerdo que comparaba a los dos y el sombrero de mi abuelo se veía más desgastado, roto y sucio. Con frecuencia me preguntaba: “¿Por qué mi tío tiene un sombrero nuevo y mi abuelo no?”.

Esta pregunta no se la hacía a nadie, era para mí solo.

Un día hice el gran juramento de mi vida, aunque más que un juramento era un deseo vehemente porque los niños no juran en serio sino que desean y sueñan con mucha ilusión, si… era más bien un sueño. Pues los niños tienen pensamientos bellos, ninguno se dice: “cuando yo sea un alcohólico”, “cuando yo sea un drogadicto”. “cuando yo me divorcie”, “cuando yo me quite la vida”, “cuando yo sea un arrastrado”…todos los bellos sueños de los niños comienzan así: “cuando yo sea grande…”, si, si… así comienzan: “cuando yo sea grande…”, “cuando yo sea alguien”, “cuando yo me gradúe”, “cuando yo crezca”. Y éste era mi sueño: “cuando yo sea grande, trabaje y cobre mi primer sueldo, lo primerito que voy a hacer es comprar un sombrero “pelo e’ guama” ¡nuevecito! A mi abuelo, ¡igual que el de mi tío!”.

Así sentía, así pensaba, así deseaba… y así soñaba, éste era mi gran idea de niño. Yo no sé bien qué edad tenía entonces, calculo que andaría entre los cinco y seis años. Este deseo lo conservé durante mi niñez y toda mi juventud, ¡y todavía lo recuerdo!

Ignoraba qué iba a ser de mí y en qué trabajaría, por un tiempo quise ser bombero porque le llevaba todos los días el almuerzo a un señor que trabajaba en el cuerpo de bomberos y por esto me pagaba, luego se me metió en la cabeza la idea de estudiar para ser abogado con pistola porque una de mis tías tenía un “enamorao” de esa profesión y siempre andaba armado, me encantaba ver la “cacha” de la pistola cuando sobresalía del bolsillo del pantalón. Y el resultado fue: no llegué a ser bombero ni abogado, hoy soy cura sin pistolas.

Cuando tenía unos ocho o diez años me sucedió algo muy singular, me mandaron a hacer un encargo a las afueras de mi pueblo a un barrio que se llama “Bobare”. Tenía que recorrer unos tres kilómetros en mi bicicleta por un tramo que corresponde a la carretera “Falcón -Zulia”.

Coro, mi tierra natal, es una región donde hace mucha brisa, es tierra de vendavales y de ahí es su nombre, viene del vocablo de los caquetíos “curiana” que quiere decir “lugar donde se reúnen los vientos”. Por eso en coro los cujíes crecen pandeados hacia el oeste, y es fácil que el aire te quite cualquier cosa que pueda ser transportada por él. Cuando pasaba por la vía, cuál sería mi agradable sorpresa al encontrarme un sombrero “pelo e’ guama” nuevecito al borde del camino. Recuerdo que era de color azul claro, tenía una cinta negra alrededor y terminaba en un lazo, y estaba tan nuevo que ni siquiera tenía el sudor marcado en la parte del adentro como cuando se usa mucho. Lo tomé en mis manos y pensé con alegría en lo que me había ahorrado, por lo menos unos doce o quince años, pues todo ese tiempo hubiera tenido que haber pasado antes de que pudiera cumplir mi gran sueño de regalarle un sombrero nuevo a mi abuelo.

Como iba en sentido contrario a mi casa no sabía qué hacer con el sombrero, si me lo ponía, aparte de que se me podía caer, mis compañeritos se burlarían de mí por usar un sombrero de hombre viejo; si lo llevaba en la mano, maniobraría mal la bicicleta; y si me sentaba sobre él, se despachurraría. ¿Qué hice?, decidí entonces dejarlo allí y recogerlo a la vuelta para regalárselo a mi abuelo.

Ese sombrero era mío porque yo lo había conseguido, a mi me enseñaron desde niño que lo que se encuentra en la calle es de uno, ¡menos las mujeres casadas!, y cuando ingresé al seminario me advirtieron que las solteras tampoco. Le coloqué cuatro piedritas al sombrero para que el viento no lo siguiera arrastrando. ¡Cosas de niños! Cuando regresé en busca del sombrero, ¡ah, carás!, ya no estaba. Se ve que su dueño original se devolvió a recogerlo, u otro que pasó por allí lo vio y se lo llevó, ¡eso sí!, me dejaron las cuatro piedritas.

Recuerdo que lo busqué desesperadamente por los matorrales de cujíes, pero… nada. Seguí mi camino contento por haber visto el futuro sombrero de mi abuelo, iba lleno de entusiasmo y de alegría porque cuando uno es niño no le afectan los fracasos de la vida. Los niños no cuentan pérdidas sino ganancias, esto lo supe después. Los adultos aprendemos a contar sólo pérdidas, fracasos y errores. Lloramos inconsolablemente la muerte de una madre, pero no nos alegramos por el tiempo que ella estuvo a nuestro lado. Yo me quedé entonces con lo positivo: había visto y tocado el sombrero de mis sueños, lo demás no me importaba.

Todo esto lo recuerdo como si fuera hoy. Cuando llegué a casa me sentía muy feliz, en ese momento el abuelo estaba afilando una navaja con un pedazo de suela, pues él era zapatero remendón.
¡Papá! le dije entusiasmado, aunque era mi abuelo yo le llamaba “Papá”, me encontré un sombrero “pelo e’ guama” ¡nuevecito! En la “Falcón –Zulia”, ¡igual que el de mi tío!

El abuelo lo buscó ávidamente con la mirada. —¡Pero, ¿Dónde está?! —me dijo. Yo le expliqué tranquilamente y con lujo de detalles todo lo que había sucedido, que lo había tomado en mis manos, que le puse cuatro piedritas… ¡y que cuando regresé… ya no estaba! Él me miró serio y me regañó muy duro, esto me sorprendió, me dolió y me dio rabia; me enfadé mucho. Porque los niños tienen rabia pero no odian, después supe que los adultos odiamos sin ella. La rabia no hace daño, lo que realmente hunde es el odio. Desde mi malestar me dije: “si hubiera sabido que me iba a regañar no hubiera pensado en traerle ningún sombrero, si me llego a encontrar con otro no se lo traigo sino que lo pateo”. El abuelo durante el regaño me dijo muchas cosas que ya no recuerdo, pero algo me quedó: ”Muchacho ‘el carajo”! —Me gritó —, ¡¿cuándo vas a aprender que las cosas se hacen en el momento o no se hacen nunca?! —esto me dolió, mas nunca se me olvidó.

El tiempo pasó y todo fue quedando atrás para no volver más. A mis dieciocho años decidí ser sacerdote, realicé todos los estudios académicos fuera de mi país. Después de varios años regresé a mi pueblo natal para la ordenación sacerdotal. Me regalaron muchas cosas, ¡ah!... me dieron también mucho dinero en efectivo y en cheques. “¡Qué molleja!”, decía yo emocionado; pues nunca había tenido tantos “reales” en mis manos como hasta ese momento. Entonces, viendo la cantidad que me habían dado, recordé la promesa que me hice cuando era niño, me acordé de mi gran sueño: “cuando yo sea grande, trabaje y cobre mi primer sueldo, lo primerito que voy a hacer es comprar un sombrero “pelo e’ guama” ¡nuevecito! A mi abuelo, ¡igual que el de mi tío!”, así soñaba cuando era niño.

También tenía presente lo que dijo un psicólogo famoso: “ser feliz en la adultez es ver realizados los sueños de cuando uno era un niño” y yo tenía dinero por primera vez en mi vida para realizar mis bellos sueños. Es verdad, ése no era mi primer sueldo, pero era mío, me lo habían regalado.

Me dieron tanta “plata” como para comprar no un sombrero, sino una docena si yo hubiera querido. ¡Ey!, pero era tarde, el abuelo ya había muerto. Podía comprar sombreros pero ya no tenía abuelo. Me encontré entonces con mucho dinero y con esto se conseguía sombreros, pero no podía comprar el de mi ilusión; el sombrero de mis sueños era aquél… y lo perdí.

Si, era aquél que me encontré en la carretera “Falcón-Zulia” siendo apenas un niño de diez años, lo tuve en mis manos… y lo dejé ir. Era ése, no otro, porque los sueños no se compran… se viven y se sueñan.

Por esos días visité las tumbas de mis seres queridos, quería rezar por ellos y con ellos. Pero cuando llegué donde estaba enterrado el abuelo no me nació ninguna oración, no pude rezar. Mejor dicho, la única plegaria que me salió fue ésta: “Viejo, nunca te di el sombrero, pero lo triste no es que no té lo di, lo lamentable es que te lo pude haber dado y no lo hice, lo tuve en mis manos y lo dejé ir. Te fuiste con tu “pelo e’ guama” viejo, roto y sucio; ¿por qué?”. De todos modos compré el sombrero, por ahí lo tengo en mi cuarto. Pero… ya no tengo abuelo.

¿Cuántos sombreros has perdido en la vida? Aquélla era la relación y la descuidaste, El momento adecuado lo dejaste ir. La oportunidad de tu vida, la perdiste. ¿Te acuerdas de aquello?... aquello era. ¿Vas a seguir perdiendo sombreros en tu vida? ¡Agárralos!... ¡Y no los sueltes! —¿Para qué quiero un sombrero? —Pa’ que te lo pongas… porque en la vida a veces hace mucho sol y sin sombrero quema mucho.

Si ves a tú alrededor te darás cuenta de que hay muchas cosas bellas que todavía están contigo, tienes muchos “sombreros” que la vida te dio para que los ames, tienes tus seres queridos contigo: tus padres, tu pareja, tus hijos y tus amigos. Porque la vida es un sombrero compartido.
Autor: Ricardo Bulmez

miércoles, 15 de abril de 2009

Pensamiento de Amor

"Hubo un tiempo en que yo rechazaba a mi prójimo si su religión no era la mía. Ahora, mi corazón se ha convertido en el receptáculo de todas las formas: es pradera de las gacelas y claustro de monjes cristianos, templo de ídolos y Kaaba de peregrinos, tablas de la Ley y pliegos del Corán. Porque profeso la religión del "Amor" y voy adonde quiera que vaya su cabalgadura, pues el "Amor" es mi credo y mi fe".
Pensamiento escrito por el filosogo y poeta, Ibn´ Arabí a finales de 1240.

sábado, 25 de octubre de 2008

La Llave de la Felicidad

La llave de la felicidad la tenemos al alcance de nuestras manos y la podemos abrir a través de la Ley de la Atracción, es decir, que podemos trabajar en todos los aspectos de nuestra vida con un poder infinito, porque los seres humanos nos guiamos exactamente por las leyes naturales del Universo, que son exactas.
La fórmula precisa para lograr la prosperidad en la vida la llevamos dentro de nuestra mente, pero debemos tener las herramientas necesarias para poder alcanzarla, sólo se trata de una misma energía y una misma ley, la de la atracción.
Todos los sucesos o acontecimientos que llegan a nuestra vida son porque lo hemos atraído de una u otra forma, a través de lo que se piensa y lo que se decreta con la palabra o con el pensamiento consciente (cuando manejamos nuestros pensamientos de forma negativa o positiva), o inconsciente (cuando funciona en nuestra mente de manera libre y espontánea). Todos esos pensamientos quedan almacenados en el cerebro; si son positivos lo decretamos y lo atraemos con la misma fuerza como si fuesen negativos y allí trabaja permanentemente la Ley de la Atracción.
Si pensamos con insistencia en preocupaciones, deudas, infelicidad, desamor, etc., eso lo atraeremos a nuestra vida, sin embargo, si pensamos en salud, bienestar, prosperidad esos deseos se materializarán, por lo tanto, debemos hacer un esfuerzo para alimentar nuestro cerebro de emociones positivas.
¿Cómo lo podemos lograr? generando, decretando y afirmando sólo sentimientos que nos hagan sentir bien y feliz, porque eso es lo que estaremos atrayendo continuamente. Aceptar que somos los creadores de nuestra propia realidad y que tenemos la energía y fuerza para cambiarla en positivo.
Por ejemplo: ¿qué deseas atraer?; Prosperidad?; Salud?; Felicidad?; Riqueza?; Amor; Bienes Materiales?.
Entonces, a partir de este momento, debemos empezar a cambiar nuestra aptitud ante la vida, a utilizar con inteligencia y destreza nuestros pensamientos y a trabajar plenamente con la Ley de la Atracción para reforzar y decretar solamente elementos positivos y dejar lo negativo a un lado, eliminarlo por completo.
Tarea Básica:
Definir exactamente lo que realmente deseamos atraer.
Trabajar constantemente con una imagen mental de lo que deseamos y visualizarlo.
Elegir de 5 a 10 minutos diarios, sin hacer ninguna otra actividad que visualizar claramente lo que deseamos alcanzar.
Agradecer absolutamente todo lo que la vida nos ha dado, no importa que lo consideremos malo o bueno, inclusive, podemos elaborar una lista de agradecimientos y nos daremos cuenta de lo afortunado que somos y empezaremos a notar un cambio importante en nuestra vida y en lo que nos rodea.

viernes, 10 de octubre de 2008

Las "Flores" para Cada Mes

A través del adecuado contacto con las flores estaremos permanentemente en armonía con el universo y con la naturaleza, porque purifican el aire y descongestionan el ambiente. En la cultura oriental existe la convicción de que cuanto más perfumada sea una planta y/o flor es máz capaz de generar armonía en la casa o en el jardín e influye positivamente en las personas que vivan en ese ambiente.
Las flores que más emiten fragancias positivas son el jazmín, el clavel, el loto, el liro, la lila y, por supuesto, la rosa roja que es la mejor conductora de la energía de la tierra, símbolo del amor y la amistad; una vez secas sus pétalos protegen de las energías negativas.
Llenar, equilibradamente la entrada de la casa de flores frescas y plantas naturales es lo más conveniente (sólo en invierno o en otoño se pueden sustituir por flores secas) para que la energía positiva circule por todos los espacios de nuestra casa.
Las flores para cada mes y su significado:
enero: prunus y/o ciruelo de jardín o cerezo japonés (fidelidad)
febrero: flor de melocotón y la rosa roja (activa las energías para ayudar a encontrar el amor)
marzo: peonía (veracidad)
abril: flor de cerezo (belleza femenina y sexualidad)
mayo: magnolia (simpatía, amor a la naturaleza y dignidad)
junio: glicina y/o flor de la pluma (suavidad, bondad y elegancia)
julio: loto (ligada a la aparición del sol, porque sólo está abierta por el día)
agosto: flor del peral (salud y bienestar)
septiembre: malva (fecundidad)
octubre: crisantemo (longevidad y veracidad; está muy ligada a actos religiosos)
noviembre: gardenia (gracia femenina, sutileza y mérito artístico)
diciembre: amapola (sueños y consuelos).

jueves, 9 de octubre de 2008

Nos Vamos de Lectura

Si por circunstancias de la vida te ha correspondido vivir largo tiempo fuera de tu país, si estás conectado con el amor y con la verdadera esencia de la libertad, te invito a que leas el poemario "Añoranza", porque de alguna manera te sentirás identificado con este libro. Si deseas obtener un ejemplar de esta edición, sólo tienes que comunicarte con su autor, el maestro Ernesto Luís Balboa Vera, a través del número telefónico 00 34- 619 87 24 22 y te dará toda la información al respecto. Si estás en Miami, lo puedes conseguir en la Feria Internacional del Libro 2008, en el Stand de Trafford Publishing, los días 14, 15 y 16 de noviembre.

Proverbio Chino

"...Haber nacido atractivo no es tan importante como haber nacido con buena estrella; haber nacido con buena estrella no es tan importante como tener un corazón bondadoso; tener un corazón bondadoso no es tan importante como contar un "ch'i" positivo..." Proverbio Chino.

"Ch'i" es la energía vital generadora de todas las cosas, tanto en el interior de las personas como en su estado de ánimo y dolencias. En chino significa "aliento cósmico" y se asocia a la legendaria figura del Dragón, presente en toda la filosofía oriental.